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La persecución porque hubiera jazz que sonara a música de film noir al parecer engendró un microgénero como el dark jazz y jazz noir. Finales de los noventa, principios de los dos miles. Jazz hiper lento, hiper simple, estéticamente oscuro y con algunos elementos de ambient. Bohren & der Club of Gore parecen ser la cara de este género, que parece más un gimmick. Recuerda inmediatamente mucho al trabajo de Angelo Badalamenti, sobre todo en Twin Peaks. Tratar de capturar ese sonido noir de una forma tan simplista no se compara con lo que define ese sonido desde East Coasting o Anatomy of a Murder.
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Marc Ribot me hace pensar inmediatamente en Ry Cooder. Un gringo que toca guitarra muy cabrón, yendo de turista a buscarse una banda cubana. Está bueno, pero se siente medio oportunista. En “La Vida Es un Sueño” se cuenta el chiste solo.
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Lindo espacio el del jazz sudafricano. Entre cape jazz, marabi y kwela, muchísimo que explorar. Hay muchos elementos de free jazz, jazz espiritual, psicodelia, protesta y experimentación. Muchas de las grabaciones suenan austeras, mezclas compactas. Con aplicaciones menos tradicionales de efectos, el resultado es algo que se siente más creativo y moderno.
- Spirits Rejoice! suena demente, filoso, guapachoso, religioso.
- Batsumi logra una producción que causa envidia.
- Blue Notes for Mongezi arrastra el jazz a la música folklórica y no al revés.
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Cuando entro a espacios musicales donde no es tan fácil encontrar dónde escuchar el material, donde no hay tanta documentación o información al respecto, me emociono, me deprimo, y también aprecio muchísimo más haberlo encontrado.
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Muy cabrón For Alto. Evidentemente cualquier cosa que me lleve a John Cage por asociación me hace inmediatamente pensar en el contexto de arte de vanguardia en los 60s. Arte conceptual, fluxus, indeterminación. Tornar el género para volverlo un ejercicio escultural ya es suficiente.
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