Normalmente, las personas que escuchan esta serie de discos hablan de melancolía, nostalgia, de adjetivos que a los gringos les encanta romantizar. Yo veo algo que queda cada vez más claro en el siglo XXI: esperanza. La esperanza de que el imperio gringo comience a decaer a un ritmo cada vez más vertiginoso, que continúe consumiéndose a sí mismo en sus propios ires y venires, atorado para siempre en un loop infernal de su propia creación. Tal vez por eso, estos discos de Basinski son la única crítica política válida que ha hecho un artista gringo en este siglo, ya que se apalanca de algo que todos pueden entender más allá de idioma o nacionalidad: la impermanencia de todos los asuntos humanos. Sean del tamaño de una cinta, o de un imperio. |