BLOG - OMETEOTL

Mayo 08, 2026
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A este lugar llegué tan fácil como me fui. Sin mucho pensar, solo siguiendo pasos. Mejor por mi cabeza. Un tren como el de diciembre. Llegar a un balneario. Qué lindos vecinos nos tocaron, todos arropados por el piso. Ofreciendo y recibiendo caña, mojitos, cacao, gomitas, mona, perico, gallos, chicharrones, toronjas y piñas. Todo el día madreándose y aplaudiéndonos entre todos. Muy claro quién no entra aquí, solo los culeros. Quién entra aquí, los que quieran. Viejotes, encuclillados, parranderos, banqueteros, primerizos, monjitas libres, indígenas, germánicos, mascaritas, presentes leyendas.

Por las noches yo fallecía, sin ya qué decir o con qué estimularme. Quedarme dormido con las amenazas dedicadas a Pablo Escobar, pedillas ajenas reptando y apagándose cerca de mi tiendilla. Condensado, en las mañanas escuchaba cómo se iban abriendo a las sillas vigilia. ¿Me creerías que jamás podría explotar violencia? ¿Me creerías que mi pequeña intifada terminó con un manotazo de anillo en la cara? Eventualmente te encuentras sangrando, te enseñan otros donde se hallaron cortados. Mas yo solo me acuerdo de salirme tambaleando.

Por ahí de la noche de algún primer día caminé hacia un fuego, me recibió un hombre con mucha tranquilidad y una cara muy pegada. Por ahí del segundo día fui una vez más. Me hablaba desde el piso, descalzo y secándose el sudor con el trapo de su falda, jugando con el pasto. Me contaba de lo que iba a ser, de mantenerse suave y de lo chistoso que era que los dos tenemos “perdón” como muletilla. Decía que era un loco y ojete también, sabía de las equis que tuve marcadas, me dijo que se metió a madrear ayer también, pero que al menos lo madreó alguien chingón.

Me hablaron de mis ancestros, la primera vez en muchísimo tiempo que considero pude haberles tenido. Sahumerio a una puerta. Agua viva. Ojos humean. Latigueado por agua. Ometeotl. Mis tatuajes se sellearon dentro de mí. Mi cuerpo se volvió resbaladilla. Y el copal bailando, cantaban con aullidos, tienda negra campante.

Por ahí en el sueño rebota su insistencia, la de otros que me sorprende ahora por mostrar que uno nunca deja de ser en paz. También tu necesidad desquiciada, que define tu subordinación y que cambia la sensación de todo lo que fuimos. También pienso en mi interés irracional por ti, y lo que parece una casualidad fatigada de tu lado. Para qué insistir, solamente ahora te me asomaste mucho con la cara.

Déjala, queda chistosa.