En el libro del Éxodo, el demiurgo Jehová y su perrito Moisés se muestran tremendamente excitados tras los actos perpetrados en Egipto, ya que serán los que desaten miedo dentro de los pueblos aledaños a los hijos de Israel. Tras ser liberados de la esclavitud, el demiurgo solo pide a cambio veneración y obediencia, un vínculo definitivo entre Israel y él, como dios único. Frente a ellos, una absurda extensión de reglas civiles, construcciones y rituales de adoración completamente imbéciles e incongruentes. La mayor promesa, tierra. Tanto dios como su pueblo listos para tomar por guerra santa. |